¡Hola, queridxs oyentes/lectores de EldA!

Hace una semana inaugurábamos una nueva sección en la que compartir testimonios y reflexiones que nos surgen entre programa y programa. Un paso que llevábamos queriendo dar algún tiempo, pero que no terminábamos de atrevernos a materializar. Desde que lo imaginamos, sabíamos que queríamos que fuese un espacio compartido, un espacio escrito paralelo al sonoro en el que seguir rompiendo el silencio y poniendo en común nuestros relatos.

Este deseo se ha cumplido. El texto que publicábamos el domingo pasado ha tenido muy buena acogida y en nuestro entorno cercano han surgido muchas conversaciones al hilo de lo que compartíamos. Estas líneas sirven de introducción al texto que nos ha hecho llegar Enara, de Viviendo en cíclico.

¡Gracias, amiga, por compartir(te)! ❤

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Fotograma de la película 80 egunean

Aún me sorprendo cuando al publicar un artículo alguien me dice que lo ha leído.

En realidad, aunque no me dé su opinión, me flipa.

No sé cuándo llegara el momento en el que por fin, me sienta digna de tener una Voz.

No sé cuándo será ese instante en el que considere, por fin que soy suficiente y necesaria.

Y que mi Voz, como la forma de comunicarme conmigo y de ir al encuentro con la otra, lo es también.

No sé siquiera si llegara.

 

Lo que sí sé es que en cada intento, va despertando algo en mí que es imparable.

Me ocurre parecido con otras formas de Voz,  las dichas (y no vistas) en audios que se convierten en podcast, donde las frases se introducen por mis oídos hasta mis huesos, o en conversaciones de cuerpo a cuerpo donde lo no dicho tiene también su propia voz.

 

Desde que comencé este viaje hacia mí, hacia mi cuerpo por medio de mis ciclos y sus fases, las brechas se dinamitas entre letras leídas, conversaciones a braga quitada, audios con corazón, palabras escritas u ondas sonoras de programas de radio con los que ir creando realidades más tiernas. En donde estas realidades más tiernas ya son una realidad.

 

Quizá nos contaron que la Voz es eso que sale de nuestra boca al hablar, de nuestros dedos al escribir o que es lo que escuchamos de las otras por medio de los oídos cuando nos hablan, o de nuestros ojos cuando leemos. Aunque llegada a este punto, diría que por sí solo, el cuerpo tiene su propia Voz. Habitualmente silenciada en nuestros cuerpos ‘de segunda’, escondida en algún lugar entre nuestras tripas, secuestrada en un pasado demasiado duro, rezagada entre heridas que lo racional pretende dejar atrás, enterrada entre frases happyfloweristas que dicen que adelante es donde esta la felicidad.

 

Es momento de parar, es momento de encontrarnos con esa Voz que tiene algo que decirnos, y es momento además, de ir al encuentro con esa otra compañera-cómplice a la que tu melodía le suena tan familiar, que desde las primeras notas se encuentre allí con su propia Voz. Porque por cada poro de nuestra piel podemos tararear las canciones más hermosas.

 

Solo hace falta una cosa para esto: que nos creamos. Y lo haremos de una sola forma: juntas.

 

La belle saison - El lado de afuera - Visibilidad lesbica
Fotograma de la película La belle saison

 

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